KIME

 

 

El término Kime (極 め) alude al aprovechamiento y la concentración de la energía física y mental en el momento en que el karateka que ataca o defiende impacta contra su oponente. Literlamente, su significado es el de “decidir”, y hace referencia a la capacidad para atacar o defenderse sin titubeos y, lo que es más importante, terminar el ataque o la defensa con rapidez de decisión y convicción. Cuando se lanza un golpe, por ejemplo un tsuki -golpe directo con el puño- son varias las fases de relajación/tensión máxima por las que atraviesa el sistema locomotor, responsable del movimiento. Veámoslas y entenderemos algo mejor cómo se puede conseguir y en qué consiste el Kime:
En un primer momento, previo al lanzamiento de la técnica -sea ésta de ataque o defensa- hay una relajación de la musculatura implicada en la ejecución. Esto es fundamental para asegurar la explosividad de los movimientos y evitar la fatiga previa que impediría una ejecución correcta.
El cerebro manda la orden de ataque, con lo que el movimiento se desencadena a partir de una contracción muscular máxima de los músculos implicados en el movimiento. Esta contracción ha de ser explosiva, o sea, ha de producirse en un intervalo de tiempo mínimo -unas décimas de segundo-. En este punto hay que tener en cuenta cuál es la musculatura directamente implicada en la técnica a realizar e identificar los músculos agonistas -los que hacen posible el movimiento; en el caso de un tsuki o golpe directo, el tríceps-, los antagonistas -los que se oponen al movimiento; en el caso del lanzamiento de un puño, el antagonista es el bíceps, que ha de estar relajado para no restar velocidad y efectividad a la técnica- y los sinergistas, que colaboran con los agonistas en la realización del movimiento -en el ejemplo que nos ocupa, los sinergistas son los músculos del pecho y el dorsal que ayudan al movimiento de lanzar el puño-.
Una vez el puño se ha lanzado, la musculatura del brazo se relaja. Esto hace posible una velocidad máxima para el brazo, que redunda en un aprovechamiento más efectivo de la técnica.
Una vez alcance su destino, la máxima extensión del brazo coincide con una contracción máxima de la musculatura implicada. Ésta ha de durar el tiempo suficiente como para permitir que la energía del golpe se transmita al cuerpo de uke, ya que no olvidemos que al golpear contra algo con una fuerza determinada ese algo nos devuelve una fuerza igual pero de sentido inverso a la que hemos aplicado. Por consiguiente, si una vez aplicada la técnica la tensión cesa en ese mismo momento, parte de la energía del golpe se perderá, mientras que si se mantiene la contracción máxima durante unos instantes se logra un doble efecto de la técnica y la transmisión completa del Kime.
No hay que olvidar que, para un perfecto aprovechamiento del Kime, es necesario llevar el brazo contrario al hikite, de modo que coincida el momento de aplicación del Kime con la llegada del puño contrario al hikite.
« El secreto de este arte es el Kime.
Sin Kime, el arte del Karate Tradicional no existe. » SHIRAI Hiroshi
 

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